EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

Las altas esferas nos miran con paternal complacencia. De lo que no son conscientes es de que nosotros, pequeños y escasos asteroides en plena explosión demográfica, cuando giramos a su alrededor, no lo hacemos dócilmente. Les escrutamos, les estudiamos. Una y otra vez. Aunque ya tengamos demasiado vistas sus superficies leprosas y salpicadas de chancros sifilíticos. Simplemente nos estamos reproduciendo, poco a poco. Estamos esperando el momento ideal, que acontecerá el día más pensado, cuando a la ocasión la pinten con rastas hasta la mismísima culera, para lanzarnos sobre sus sorprendidas caras. Algún día caeremos como hierros al rojo vivo sobre sus cordilleras podridas. No habrá coordinación, será una lluvia ácrata, un chubasco irregular y Aleatorio, sin una política definida. POR FIN.

Nuestros cerebros serán meteoritos de todos los colores. Eso es lo de menos. Caeremos a su derecha, a su izquierda, en sus bancos y en sus politburós. En sus templos, en sus logias, en sus sedes del partido, en sus Casas del Pueblo. Lapidaremos mentalmente sus Cuarteles Generales, sus centros de comunicaciones monodireccionales. Pianos de Jerry Lee Lewis sin teclas berreando silenciosamente "Great Balls of Fire". Eso seremos.

Pero mientras tanto, seguimos aumentando la familia. Se engrosa el cinturón. Es una batalla entre la mitosis asnal y la del pensamiento auténticamente libre.

Y se acabó el "si Dios quiere". Habremos de querer nosotros. Porque, llamadme loco, eso es lo que creo que Dios quiere: mujeres, hombres, personas actuando por sí mismos... con el pensamiento verdaderamente libre.

Firmado: una bomba nuclear tranquila.

viernes, abril 27, 2007

Peter

Peter
Carlos, su novia y su hermano animando
Carlos, desmadejado
La tarde desfila, aburrida y soleada, ante nuestros ojos. No hay ganas de estudiar, ya se hará por la noche, que hay mucho menos ruido. Elías mordisquea despreocupadamente un fuet, con piel y todo. Me recuerda a Terra. Abro las persianas y las ventanas del cuarto, Javi ha creado una simbiosis con sus calcetines de rayas y fruto de ese amor, una vaharada de queso podrido mana de sus pinreles. Suenan éxitos de los noventa en la radio y los tarareo casi coránicamente. Ruidos en la calle. Enciendo mi tercer cigarrillo del día con mi veterano mechero amarillo de cincuenta céntimos superviviente de dos lavadoras. Javi revisa unos planos para su examen del día siguiente. Conversaciones de baja calidad, bostezos, eructos, ahí estamos, repanchingados, haciendo la digestión.

Y de pronto, se abre la puerta. Y él entra. Sin afeitar, sin peinar, la misma ropa desde hace cuatro días, hurgándose la nariz, mirada perdida, con una sonrisa (más bien mueca) que es genial compendio de frustración, ansiedad y nerviosismo. Ni saluda. “Hazme un hueco”. Se tumba en la cama de su hermano Javi, con las sucias y añejas playeras sobre el edredón. Es ahora el otro orificio nasal el objeto de sus minuciosas prospecciones. Se hace el silencio. Esperamos paciente y estoicamente el inicio de la exposición de su monotema desde hace cuatro meses. “Quiero follar ya”, dice, mirando al techo de la habitación, “¿Por qué no tengo derecho a echar un polvo? ¿Es que mi novia es asexual? ¡Es que me mato a pajas, tío! O follo ya o me estalla el nabo”. Suspiramos. Volvemos a suspirar. Nos tiene hartos pero a la vez le compadecemos. Seis meses con novia formal y no la ha logrado encamar. Seis meses contando las penas a toda la residencia, a nosotros tres con especial saña y paradójica delectación. Y entre pena y pena, perpetra asaltos a los armarios de los compañeros de edificio en busca de patatas fritas, galletas, pipas, cacahuetes, yogures y tentempiés ajenos similares. Así es Carlos, más conocido como Peter, pues por todas las habitaciones de la Residencia se pasea como aquél iba por su casa.

Peter, el salido pervertido sexual: “quiero que me la chupen” “me encanta el sexo” “vámonos de putas, tío”. Carlos, el salido desesperado (véase supra). Peter, el asaltadespensas: “oye, te cojo unos Cheetos” (cuando ya los está masticando con fruición). Carlos, el de las preguntas absurdas: “¿por qué te gusta el queso? ¿a qué huele un coño? ¿quién era peor, Hitler o Stalin? Oye Diego, tú que eres de Cantabria, ¿cuánto dinero gana al año el Banco Santander?”.

¿Dos personalidades, como el protagonista de El Club de la Lucha? A día de hoy, a ciencia cierta, nadie lo sabe. No obstante, el merchandising que se está generando a su alrededor últimamente, parece no conocer límites. Poemas, vídeos, documentos de audio, hasta cómics. Muy pronto, el mundo conocerá de las historias de este ilustre guadalajareño. La Humanidad no lo merece, no, pero está obligada a saber de su existencia. Por imperativo moral. Por el bien de Peter. Aunque, como él mismo dice, “¿no será mucho forzar?”.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué tiempos aquellos... Eran tiempos felices sin apenas preocupaciones jeje. Nos acostabamos tarde, nos levantábamos también tarde... nos hacían la cama, nos limpiaban la habitación, nos hacían la comida... Hace poco encontré en el armario de mi casa el unico ejemplar en el mundo del comic de Peter y me trajo muy buenos recuerdos, y me animó a zambullirme en tu blog a ver si encontraba algo al respecto jeje. Y lo he encontado!!!! Un abrazo muy fuerte para mis compañeros de la RUDA.
ELIAS.