Sí, queridas Almas Automáticas, ha llegado el momento de renovarse o morir. Tras 4 años y medio alojado en Blogger, y visto que últimamente, por razones que no vienen al caso, lo actualizo más bien nada, me paso al Audioblog. Así muchos de mis fans y detractores podrán disfrutar de mi cálido verbo.
No somos, pero fuimos, y seremos.
NOS VEMOS EN http://almasautomaticas.podomatic.com/
martes, diciembre 29, 2009
viernes, abril 10, 2009
Cazando blancos en... PARÍS
Nada dirá el homólogo francés de Esteban Ibarra, nada dirá el Gobierno, nada dirán las organizaciones contra el racismo, no saldrá por la tele, NADA DE NADA.
Disfruten de las imágenes y sigan sin mover un dedo y votando a los de siempre.
http://vodpod.com/watch/1500422-chasse-au-blanc-dans-un-bus-ratp-fran%C3%A7ois-desouche
Disfruten de las imágenes y sigan sin mover un dedo y votando a los de siempre.
http://vodpod.com/watch/1500422-chasse-au-blanc-dans-un-bus-ratp-fran%C3%A7ois-desouche
sábado, febrero 14, 2009
"D"
D
Hay mucho agujero en mi cámara de gas
Se escapan todas las pesadillas que tengo
Vete, que muerdo como un perro sin bozal
Que aúlla al Sol siempre que le manda su dueño
Juego con fuego, y fuego tiene un amigo
Rajas mi cara y es como cortar el viento
Quiero dormir, no lo consigo
Y mi reloj sujeta como puede el tiempo
No es el cuántos son
Es el dónde están
No es adónde voy
Es adónde vas
no soy muy corriente
no soy buena gente
y escribo mi nombre
con D de demente
hago más ingresos que cuatrocientos bancos
cazo pájaros que cagan en mi azotea
veo mil tornillos a mi lado
y asalto a saltos como una cabra montesa
lo reconozco, yo era bueno en mi trabajo
a pesar de mis dudas de procedimiento
limpio el trastero de basuras
y no recibo muestras de agradecimiento
[ESTRIBILLO]
Me resulta duro ser un incomprendido
Y acabaréis creyendo todas sus patrañas
Loco no estoy, ni poseído
Soy hijo de esta puta sociedad callada.
Hay mucho agujero en mi cámara de gas
Se escapan todas las pesadillas que tengo
Vete, que muerdo como un perro sin bozal
Que aúlla al Sol siempre que le manda su dueño
Juego con fuego, y fuego tiene un amigo
Rajas mi cara y es como cortar el viento
Quiero dormir, no lo consigo
Y mi reloj sujeta como puede el tiempo
No es el cuántos son
Es el dónde están
No es adónde voy
Es adónde vas
no soy muy corriente
no soy buena gente
y escribo mi nombre
con D de demente
hago más ingresos que cuatrocientos bancos
cazo pájaros que cagan en mi azotea
veo mil tornillos a mi lado
y asalto a saltos como una cabra montesa
lo reconozco, yo era bueno en mi trabajo
a pesar de mis dudas de procedimiento
limpio el trastero de basuras
y no recibo muestras de agradecimiento
[ESTRIBILLO]
Me resulta duro ser un incomprendido
Y acabaréis creyendo todas sus patrañas
Loco no estoy, ni poseído
Soy hijo de esta puta sociedad callada.
viernes, diciembre 26, 2008
Mientras se pueda decir...
... os deseo a TODOS unas muy Felices Navidades. Aprovechemos que aún empleamos el calendario gregoriano, podemos creer en Dios y no nos miran demasiado mal por cantar villancicos.
Hasta que todo ello ofenda a las feministas por ser Jesús un niño y no una niña o un hermafrodita, a los ateos porque les molestan los nacimientos y belenes, o a los muslimes por considerar al profeta Isa nada menos que el Hijo de Dios y Dios hecho Hombre.
Aprovechemos, aprovechemos.
Para todo lo demás, siempre nos quedará...
Hasta que todo ello ofenda a las feministas por ser Jesús un niño y no una niña o un hermafrodita, a los ateos porque les molestan los nacimientos y belenes, o a los muslimes por considerar al profeta Isa nada menos que el Hijo de Dios y Dios hecho Hombre.
Aprovechemos, aprovechemos.
Para todo lo demás, siempre nos quedará...
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viernes, diciembre 12, 2008
Cambios esthéticos, segunda parte
Pues sí, por si los lectores no han en ello reparado, he sometido a mi querido blog a una serie de ligeros cambios. He añadido, en su parte inferior, un "gadget" de esos con diversas citas, proverbios y refranes, en castellano y gallego. También he agregado una lista de aquellos blogues que, por su interés o simpatía, merecen ser visitados, indicando la última fecha de su actualización. Finalmente, doy la posibilidad a aquellas personas con serios problemas de anclaje encefálico de ser nombrados, con todo mi cariño y aprecio, seguidores de mi blog (guiño-guiño). Esto último en la parte derecha de la página principal. Tampoco he querido saturar el blog con una miríada de "gadgets" novedosos a la par que inútiles, de ahí que los cambios tal vez hayan pasado bastante desapercibidos.
Sin más, un cordial saludo a todos, y especialmente, recuerdos de mis partes (sic) a mis no-amigos.
P.D. Espero que la próxima entrada que realice, sea la relativa a las danzas populares de mi residencia universitaria... Dios proveerá.
Sin más, un cordial saludo a todos, y especialmente, recuerdos de mis partes (sic) a mis no-amigos.
P.D. Espero que la próxima entrada que realice, sea la relativa a las danzas populares de mi residencia universitaria... Dios proveerá.
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sábado, noviembre 29, 2008
Nos quejamos de vicio
Hacía mucho que no lloraba.
La noche no pintaba muy allá. Había dudas importantes sobre si salir de fiesta o no salir, y en el primer caso, en cuanto al lugar o zona elegidos para ello. Se optó por Malasaña, tras descartar lugares de mayor glamour, estilo o pijotería en general.
Insisto, la cosa no pintaba muy allá. Llueve, hace frío en Madrid. Pero hay ganas de cachondeo y algún que otro borrachuzo entre nosotros. Primera advertencia: el guarda de la residencia. Segunda advertencia: un policía nacional. Je, lo usual.
A la salida del metro, primera controversia regada con litronas. Primer cabreo. Las dos y media de la mañana y al raso. Genial, maravilloso, viva la movida madrileña. Tres y media de la mañana, segunda enganchada entre nosotros mientras los transeúntes tratan de calmarnos, nos miran con curiosidad o simplemente pasan del tema.
¡Bueno! Asunto arreglado. Vamos a buscar un garito, que llueve y hace frío. Mierda, las cuatro y media de la mañana. Casi todo cerrado, y para acceder a lo poco que aún queda abierto por la zona, unas colas inmensas y un precio prohibitivo. De puta madre.
Y ahora, a buscar un portal abierto, para secarnos esta caladura inmisericorde. Menos mal, aquí hay uno bastante calentito. Como auténticos mendigos, indigentes que dicen ahora. Estalla la enésima discusión, al parecer causada por nuestra indecisión a la hora de salir o no, pero en realidad producto del nefasto resultado de la noche vivida. Uno de los cuatro se marcha, indignadísimo al parecer por uno de los comentarios de otro de los presentes. La cosa se calma. Y la conversación, ya a las cinco y veinticinco de la mañana, deriva a temas aparentemente mundanos. Que si estamos jodidos de la cabeza, que si en la residencia la comida es cada vez más repugnante, etcétera. Y sobre todo, lo bien que se come en casa, lo bien que está uno en su tierra, en su casa, con su familia.
Me doy cuenta entonces de que uno de los presentes, a pesar de vivir en una ciudad bastante más cercana a Madrid que la mía, apenas vuelve a casa. Y sin más, hace la pregunta clave.
"¿Podéis decir que vuestra infancia ha sido feliz?"
El otro presente y yo nos miramos y le miramos. Con pequeños matices, eso sí, respondemos afirmativamente sin dudar demasiado. Claro, coño, seguro que otros las han tenido mucho peores.
Reparo entonces en que quien ha formulado la pregunta, habla con cierta frecuencia de su padre, pero apenas lo hace de su madre. Pero ni por asomo se me ocurre pensar en nada más allá de una relación difícil madre-hijo. Y empieza la historia.
Este amigo mío ha pasado la mayor parte de su vida yendo de ciudad en ciudad, mudándose cuando el destino de su padre así lo requería. Su padre, guardia civil miembro del GAR y anterior miembro del TEDAX, ha visto volar por los aires a muchos compañeros en las Provincias Vascas. Han tenido que vivir prácticamente en el anonimato, bajo altas medidas de seguridad, no en vano su labor no es otra que la de oprimir y humillar al valiente pueblo vascongado. Pasado un tiempo, tuvo que coger todos sus bártulos y cambiar de residencia otra vez. Y otra. Y otra. Y otra. Su hijo, mi amigo, no ha podido crear vínculos afectivos con ninguna ciudad, mucho menos con personas o vecinos. Y mi amigo sigue hablando.
Su padre, y él, al igual que yo, somos cristianos. Católicos, concretamente. Ni creen -creemos- en el divorcio, ni en el aborto ni en el suicidio. Qué le vamos a hacer, somos así. Pero su padre es infeliz, y él también. Su madre, amén de neurótica, cuenta, es alcohólica. Estar más de diez minutos en su presencia implica mucho más que un simple cabreo. Dan unas enormes ganas de golpearla, mientras le grita que es un hijo de puta, que se vaya, que él no es su hijo, que no lo quiere volver a ver, que a ver si se muere y la deja en paz. El padre de mi amigo, extenuado, harto, desesperanzado, no soporta su presencia: "Mira a ver qué mujer eliges en tu vida, hijo, realmente creo que si lo que quieres follar, lo más fácil para tu equilibrio emocional, es irse de putas". Pero, por creencias religiosas, no se divorcian. Por eso y por el hijo pequeño, de apenas diez años. Y por el estado lamentable en que podría quedar su madre si se produce tal divorcio. Y aguantan.
Hace no demasiado tiempo me comentaba este amigo mío que las Navidades más felices que había pasado en su vida fueron con sus amigos, en el Pirineo. Sin su familia. En realidad, en ese momento nos comentó que realmente aquellas Navidades habían sido las únicas felices de su vida, lejos de "los suyos".
Apenas cuatro años atrás, mi amigo había visto a su padre, en casa, con su arma reglamentaria colocada en la sien. Mientras se la intentaba arrebatar, su padre llegó a amenazarlo con dispararlo si no le dejaba en paz. No fue necesario. Sus creencias religiosas y el pensar en sus hijos evitaron el temido desenlace.
Mi amigo lo cuenta entre sollozos, bien coordinados con los nuestros. No soy capaz de mirarlo a la cara. "Es muy duro, es muy duro no poder soportar a tu madre, es muy duro tener ganas de golpearla, es muy duro que te diga lo que te dice, es muy duro tener que forcejear para tener que quitar de la sien la pistola a tu padre. Es muy duro, chavales, es muy duro."
Calmados un poco los ánimos, nos recomponemos, y dice: "Si casi no lo puedo decir yo, ¿podéis decir vosotros que vuestra infancia ha sido dura?"
Y entonces lo pienso, pero lo digo en voz alta y ahora lo repito: somos unos miserables, porque nos quejamos de vicio.
La noche no pintaba muy allá. Había dudas importantes sobre si salir de fiesta o no salir, y en el primer caso, en cuanto al lugar o zona elegidos para ello. Se optó por Malasaña, tras descartar lugares de mayor glamour, estilo o pijotería en general.
Insisto, la cosa no pintaba muy allá. Llueve, hace frío en Madrid. Pero hay ganas de cachondeo y algún que otro borrachuzo entre nosotros. Primera advertencia: el guarda de la residencia. Segunda advertencia: un policía nacional. Je, lo usual.
A la salida del metro, primera controversia regada con litronas. Primer cabreo. Las dos y media de la mañana y al raso. Genial, maravilloso, viva la movida madrileña. Tres y media de la mañana, segunda enganchada entre nosotros mientras los transeúntes tratan de calmarnos, nos miran con curiosidad o simplemente pasan del tema.
¡Bueno! Asunto arreglado. Vamos a buscar un garito, que llueve y hace frío. Mierda, las cuatro y media de la mañana. Casi todo cerrado, y para acceder a lo poco que aún queda abierto por la zona, unas colas inmensas y un precio prohibitivo. De puta madre.
Y ahora, a buscar un portal abierto, para secarnos esta caladura inmisericorde. Menos mal, aquí hay uno bastante calentito. Como auténticos mendigos, indigentes que dicen ahora. Estalla la enésima discusión, al parecer causada por nuestra indecisión a la hora de salir o no, pero en realidad producto del nefasto resultado de la noche vivida. Uno de los cuatro se marcha, indignadísimo al parecer por uno de los comentarios de otro de los presentes. La cosa se calma. Y la conversación, ya a las cinco y veinticinco de la mañana, deriva a temas aparentemente mundanos. Que si estamos jodidos de la cabeza, que si en la residencia la comida es cada vez más repugnante, etcétera. Y sobre todo, lo bien que se come en casa, lo bien que está uno en su tierra, en su casa, con su familia.
Me doy cuenta entonces de que uno de los presentes, a pesar de vivir en una ciudad bastante más cercana a Madrid que la mía, apenas vuelve a casa. Y sin más, hace la pregunta clave.
"¿Podéis decir que vuestra infancia ha sido feliz?"
El otro presente y yo nos miramos y le miramos. Con pequeños matices, eso sí, respondemos afirmativamente sin dudar demasiado. Claro, coño, seguro que otros las han tenido mucho peores.
Reparo entonces en que quien ha formulado la pregunta, habla con cierta frecuencia de su padre, pero apenas lo hace de su madre. Pero ni por asomo se me ocurre pensar en nada más allá de una relación difícil madre-hijo. Y empieza la historia.
Este amigo mío ha pasado la mayor parte de su vida yendo de ciudad en ciudad, mudándose cuando el destino de su padre así lo requería. Su padre, guardia civil miembro del GAR y anterior miembro del TEDAX, ha visto volar por los aires a muchos compañeros en las Provincias Vascas. Han tenido que vivir prácticamente en el anonimato, bajo altas medidas de seguridad, no en vano su labor no es otra que la de oprimir y humillar al valiente pueblo vascongado. Pasado un tiempo, tuvo que coger todos sus bártulos y cambiar de residencia otra vez. Y otra. Y otra. Y otra. Su hijo, mi amigo, no ha podido crear vínculos afectivos con ninguna ciudad, mucho menos con personas o vecinos. Y mi amigo sigue hablando.
Su padre, y él, al igual que yo, somos cristianos. Católicos, concretamente. Ni creen -creemos- en el divorcio, ni en el aborto ni en el suicidio. Qué le vamos a hacer, somos así. Pero su padre es infeliz, y él también. Su madre, amén de neurótica, cuenta, es alcohólica. Estar más de diez minutos en su presencia implica mucho más que un simple cabreo. Dan unas enormes ganas de golpearla, mientras le grita que es un hijo de puta, que se vaya, que él no es su hijo, que no lo quiere volver a ver, que a ver si se muere y la deja en paz. El padre de mi amigo, extenuado, harto, desesperanzado, no soporta su presencia: "Mira a ver qué mujer eliges en tu vida, hijo, realmente creo que si lo que quieres follar, lo más fácil para tu equilibrio emocional, es irse de putas". Pero, por creencias religiosas, no se divorcian. Por eso y por el hijo pequeño, de apenas diez años. Y por el estado lamentable en que podría quedar su madre si se produce tal divorcio. Y aguantan.
Hace no demasiado tiempo me comentaba este amigo mío que las Navidades más felices que había pasado en su vida fueron con sus amigos, en el Pirineo. Sin su familia. En realidad, en ese momento nos comentó que realmente aquellas Navidades habían sido las únicas felices de su vida, lejos de "los suyos".
Apenas cuatro años atrás, mi amigo había visto a su padre, en casa, con su arma reglamentaria colocada en la sien. Mientras se la intentaba arrebatar, su padre llegó a amenazarlo con dispararlo si no le dejaba en paz. No fue necesario. Sus creencias religiosas y el pensar en sus hijos evitaron el temido desenlace.
Mi amigo lo cuenta entre sollozos, bien coordinados con los nuestros. No soy capaz de mirarlo a la cara. "Es muy duro, es muy duro no poder soportar a tu madre, es muy duro tener ganas de golpearla, es muy duro que te diga lo que te dice, es muy duro tener que forcejear para tener que quitar de la sien la pistola a tu padre. Es muy duro, chavales, es muy duro."
Calmados un poco los ánimos, nos recomponemos, y dice: "Si casi no lo puedo decir yo, ¿podéis decir vosotros que vuestra infancia ha sido dura?"
Y entonces lo pienso, pero lo digo en voz alta y ahora lo repito: somos unos miserables, porque nos quejamos de vicio.
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Provocaciones a título personal
jueves, noviembre 20, 2008
"Verba volant, scripta manent"
Testamento que redacta y otorga José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, de treinta y tres años, soltero, abogado, natural y vecino de Madrid, hijo de Miguel y Casilda (que en paz descansen), en la Prisión Provincial de Alicante, a diez y ocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis.
· · ·
Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía, no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia.
Me acomete el escrúpulo de si será vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra el querer dejar en esta coyuntura cuentas sobre algunos de mis actos; pero como, por otra parte, he arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valor (demasiado bien conocido de mí, hasta el punto de dictarme esta frase con la más sencilla y contrita sinceridad), y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecería desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.
No es menester que repita ahora lo que tantas veces he dicho y escrito acerca de lo que los fundadores de Falange Española intentábamos que fuese. Me asombra que, aún, después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos, y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía del otro. Que esa sangre vertida me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los camaradas que me precedieron en el sacrificio me acojan como el último de ellos.
Ayer, por última vez expliqué ante el Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange. Como en tantas ocasiones, repasé y aduje los viejos textos de nuestra doctrina familiar. Una vez más observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me parecía leer esta frase: ¡Si hubiéramos sabido que era esto, no estaríamos aquí! Y ciertamente no hubiéramos estado allí: ni yo ante el Tribunal Popular ni otros matándose por los campos de España. No era ya, sin embargo, la hora de evitar esto, y yo me limité a retribuir la lealtad y la valentía de mis entrañables camaradas, ganando para ellos la atención respetuosa de sus enemigos.
A esto atendí, y no a granjearme con gallardía de oropel la póstuma reputación de héroe. No me hice “responsable de todo” ni me ajusté a ninguna otra variante del patrón romántico. Me defendí con los mejores recursos de mi oficio de abogado, tan profundamente querido y cultivado con tanta asiduidad. Quizá no falten comentadores póstumos que me afeen no haber preferido la fanfarronada. Allá cada cual. Para mí, aparte de no ser primer actor en cuanto ocurre, hubiera sido monstruoso y falso entregar sin defensa una vida que aún pudiera ser útil y que no me concedió Dios para que la quemara en holocausto a la vanidad como un castillo de fuegos artificiales. Además, que ni hubiera descendido a ningún ardid reprochable ni a nadie comprometía con mi defensa, y sí, en cambio, cooperaba a la de mis hermanos Margot y Miguel, procesados conmigo y amenazados de penas gravísimas. Pero como el deber de defensa me aconsejó no sólo ciertos silencios sino ciertas acusaciones fundadas en sospechas de habérseme aislado adrede en medio de una región que a tal fin se mantuvo sumisa, declaro que esa sospecha no está, ni mucho menos, comprobada por mí, y que si pudo alimentarla sinceramente en mi espíritu la avidez de explicaciones exasperada por la soledad, ahora, ante la muerte, no puede ni debe ser mantenida.
Otro extremo me queda por rectificar. El aislamiento absoluto de toda comunicación en que vivo desde poco después de iniciarse los sucesos sólo fue roto por un periodista norteamericano que, con permiso de las autoridades de aquí, me pidió unas declaraciones a primeros de octubre. Hasta que hace cinco o seis días conocí el sumario instruido contra mí no he tenido noticia de las declaraciones que se me achacaban, porque ni los periódicos que las trajeron ni ningún otro me eran asequibles. Al leerlas ahora declaro que entre los distintos párrafos que se dan como míos, desigualmente fieles en la interpretación de mi pensamiento, hay uno que rechazo del todo: el que afea a mis camaradas de la Falange el cooperar en el movimiento insurreccional con “mercenarios traídos de fuera”. Jamás he dicho nada semejante, y ayer lo declaré rotundamente ante el Tribunal aunque el declararlo no me favoreciese. Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en África heroicos servicios. Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange.
Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la patria, el pan y la justicia.
Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico. Cumplido lo cual, paso a ordenar mi última voluntad en las siguientes
Cláusulas
Primera. Deseo ser enterrado conforme al rito de la Religión Católica, Apostólica, Romana que profeso en tierra bendita y bajo el amparo de la Santa Cruz.
Segunda. Instituyo herederos míos por partes iguales a mis cuatro hermanos: Miguel, Carmen, Pilar y Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, con derecho de acrecer entre ellos si alguno me premuriese sin dejar descendencia. Si la hubiere dejado, pase a ella en partes iguales, por estirpes, la parte que hubiera correspondido a mi hermano premuerto. Esta disposición vale, aunque la muerte de mi hermano haya ocurrido antes de otorgar yo este testamento.
Tercera. No ordeno legado alguno ni impongo a mis herederos carga jurídicamente exigible, pero les ruego:
a) Que atiendan en todo con mis bienes a la comodidad y regalo de nuestra tía María Jesús Primo de Rivera y Orbaneja, cuya maternal abnegación y afectuosa entereza en los veintisiete años que lleva a nuestro cargo no podremos pagar con tesoros de agradecimiento.
b) Que, en recuerdo mío, den algunos de mis bienes y objetos usuales a mis compañeros de despacho, especialmente a Rafael Garcerán, Andrés de la Cuerda y Manuel Sarrión, tan leales durante años y años, tan eficaces y tan pacientes con mi nada cómoda compañía. A ellos y a todos los demás doy las gracias y les pido que me recuerden sin demasiado enojo.
c) Que repartan también otros objetos personales entre mis mejores amigos, que ellos conocen bien, y muy señaladamente entre aquellos que durante más tiempo y más de cerca han compartido conmigo las alegrías y adversidades de nuestra Falange Española. Ellos y los demás camaradas ocupan en estos momentos en mi corazón un puesto fraternal.
d) Que gratifiquen a los servidores más antiguos de nuestra casa, a los que agradezco su lealtad y pido perdón por las incomodidades que me deban.
Cuarta. Nombro albaceas, contadores y partidores de herencia, solidariamente, por término de tres años y con las máximas atribuciones habituales a mis entrañables amigos de toda la vida Raimundo Fernández Cuesta y Merelo y Ramón Serrano Suñer, a quienes ruego especialmente:
a) Que revisen mis papeles privados y destruyan todos los de carácter personalísimo, los que contengan trabajos meramente literarios y los que sean simples esbozos y proyectos en periodo atrasado de elaboración, así como cualesquiera libros prohibidos por la Iglesia o de perniciosa lectura que pudieran hallarse entre los míos.
b) Que coleccionen todos mis discursos, artículos, circulares, prólogos de libros, etc., no para publicarlos —salvo que lo juzguen indispensable— sino para que sirvan de pieza de justificación cuando se discuta este periodo de la política española en que mis camaradas y yo hemos intervenido.
c) Que provean a sustituirme urgentemente en la dirección de los asuntos profesionales que me están encomendados, con ayuda de Garcerán, Sarrión y Matilla, y a cobrar algunas minutas que se me deben.
d) Que con la mayor premura y eficacia posible hagan llegar a las personas y entidades agraviadas a que me refiero en la introducción de este testamento las solemnes rectificaciones que contiene.
Por todo lo cual les doy desde ahora las más cordiales gracias. Y en estos términos dejo ordenado mi testamento en Alicante el citado día diez y ocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis, a las cinco de la tarde, en otras tres hojas además de ésta, todas foliadas, fechadas y firmadas al margen. Tachado: arras – ellos – ( ) – entregó • No vale = Entre líneas, todos – concedió • Vale = Enmendado: ahora = Vale =
José Antº Primo de Rivera
“Verba movent, exempla trahunt”
LAS PALABRAS MUEVEN, LOS EJEMPLOS ARRASTRAN.
· · ·
Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía, no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia.
Me acomete el escrúpulo de si será vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra el querer dejar en esta coyuntura cuentas sobre algunos de mis actos; pero como, por otra parte, he arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valor (demasiado bien conocido de mí, hasta el punto de dictarme esta frase con la más sencilla y contrita sinceridad), y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecería desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.
No es menester que repita ahora lo que tantas veces he dicho y escrito acerca de lo que los fundadores de Falange Española intentábamos que fuese. Me asombra que, aún, después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos, y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía del otro. Que esa sangre vertida me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los camaradas que me precedieron en el sacrificio me acojan como el último de ellos.
Ayer, por última vez expliqué ante el Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange. Como en tantas ocasiones, repasé y aduje los viejos textos de nuestra doctrina familiar. Una vez más observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me parecía leer esta frase: ¡Si hubiéramos sabido que era esto, no estaríamos aquí! Y ciertamente no hubiéramos estado allí: ni yo ante el Tribunal Popular ni otros matándose por los campos de España. No era ya, sin embargo, la hora de evitar esto, y yo me limité a retribuir la lealtad y la valentía de mis entrañables camaradas, ganando para ellos la atención respetuosa de sus enemigos.
A esto atendí, y no a granjearme con gallardía de oropel la póstuma reputación de héroe. No me hice “responsable de todo” ni me ajusté a ninguna otra variante del patrón romántico. Me defendí con los mejores recursos de mi oficio de abogado, tan profundamente querido y cultivado con tanta asiduidad. Quizá no falten comentadores póstumos que me afeen no haber preferido la fanfarronada. Allá cada cual. Para mí, aparte de no ser primer actor en cuanto ocurre, hubiera sido monstruoso y falso entregar sin defensa una vida que aún pudiera ser útil y que no me concedió Dios para que la quemara en holocausto a la vanidad como un castillo de fuegos artificiales. Además, que ni hubiera descendido a ningún ardid reprochable ni a nadie comprometía con mi defensa, y sí, en cambio, cooperaba a la de mis hermanos Margot y Miguel, procesados conmigo y amenazados de penas gravísimas. Pero como el deber de defensa me aconsejó no sólo ciertos silencios sino ciertas acusaciones fundadas en sospechas de habérseme aislado adrede en medio de una región que a tal fin se mantuvo sumisa, declaro que esa sospecha no está, ni mucho menos, comprobada por mí, y que si pudo alimentarla sinceramente en mi espíritu la avidez de explicaciones exasperada por la soledad, ahora, ante la muerte, no puede ni debe ser mantenida.
Otro extremo me queda por rectificar. El aislamiento absoluto de toda comunicación en que vivo desde poco después de iniciarse los sucesos sólo fue roto por un periodista norteamericano que, con permiso de las autoridades de aquí, me pidió unas declaraciones a primeros de octubre. Hasta que hace cinco o seis días conocí el sumario instruido contra mí no he tenido noticia de las declaraciones que se me achacaban, porque ni los periódicos que las trajeron ni ningún otro me eran asequibles. Al leerlas ahora declaro que entre los distintos párrafos que se dan como míos, desigualmente fieles en la interpretación de mi pensamiento, hay uno que rechazo del todo: el que afea a mis camaradas de la Falange el cooperar en el movimiento insurreccional con “mercenarios traídos de fuera”. Jamás he dicho nada semejante, y ayer lo declaré rotundamente ante el Tribunal aunque el declararlo no me favoreciese. Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en África heroicos servicios. Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange.
Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la patria, el pan y la justicia.
Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico. Cumplido lo cual, paso a ordenar mi última voluntad en las siguientes
Cláusulas
Primera. Deseo ser enterrado conforme al rito de la Religión Católica, Apostólica, Romana que profeso en tierra bendita y bajo el amparo de la Santa Cruz.
Segunda. Instituyo herederos míos por partes iguales a mis cuatro hermanos: Miguel, Carmen, Pilar y Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, con derecho de acrecer entre ellos si alguno me premuriese sin dejar descendencia. Si la hubiere dejado, pase a ella en partes iguales, por estirpes, la parte que hubiera correspondido a mi hermano premuerto. Esta disposición vale, aunque la muerte de mi hermano haya ocurrido antes de otorgar yo este testamento.
Tercera. No ordeno legado alguno ni impongo a mis herederos carga jurídicamente exigible, pero les ruego:
a) Que atiendan en todo con mis bienes a la comodidad y regalo de nuestra tía María Jesús Primo de Rivera y Orbaneja, cuya maternal abnegación y afectuosa entereza en los veintisiete años que lleva a nuestro cargo no podremos pagar con tesoros de agradecimiento.
b) Que, en recuerdo mío, den algunos de mis bienes y objetos usuales a mis compañeros de despacho, especialmente a Rafael Garcerán, Andrés de la Cuerda y Manuel Sarrión, tan leales durante años y años, tan eficaces y tan pacientes con mi nada cómoda compañía. A ellos y a todos los demás doy las gracias y les pido que me recuerden sin demasiado enojo.
c) Que repartan también otros objetos personales entre mis mejores amigos, que ellos conocen bien, y muy señaladamente entre aquellos que durante más tiempo y más de cerca han compartido conmigo las alegrías y adversidades de nuestra Falange Española. Ellos y los demás camaradas ocupan en estos momentos en mi corazón un puesto fraternal.
d) Que gratifiquen a los servidores más antiguos de nuestra casa, a los que agradezco su lealtad y pido perdón por las incomodidades que me deban.
Cuarta. Nombro albaceas, contadores y partidores de herencia, solidariamente, por término de tres años y con las máximas atribuciones habituales a mis entrañables amigos de toda la vida Raimundo Fernández Cuesta y Merelo y Ramón Serrano Suñer, a quienes ruego especialmente:
a) Que revisen mis papeles privados y destruyan todos los de carácter personalísimo, los que contengan trabajos meramente literarios y los que sean simples esbozos y proyectos en periodo atrasado de elaboración, así como cualesquiera libros prohibidos por la Iglesia o de perniciosa lectura que pudieran hallarse entre los míos.
b) Que coleccionen todos mis discursos, artículos, circulares, prólogos de libros, etc., no para publicarlos —salvo que lo juzguen indispensable— sino para que sirvan de pieza de justificación cuando se discuta este periodo de la política española en que mis camaradas y yo hemos intervenido.
c) Que provean a sustituirme urgentemente en la dirección de los asuntos profesionales que me están encomendados, con ayuda de Garcerán, Sarrión y Matilla, y a cobrar algunas minutas que se me deben.
d) Que con la mayor premura y eficacia posible hagan llegar a las personas y entidades agraviadas a que me refiero en la introducción de este testamento las solemnes rectificaciones que contiene.
Por todo lo cual les doy desde ahora las más cordiales gracias. Y en estos términos dejo ordenado mi testamento en Alicante el citado día diez y ocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis, a las cinco de la tarde, en otras tres hojas además de ésta, todas foliadas, fechadas y firmadas al margen. Tachado: arras – ellos – ( ) – entregó • No vale = Entre líneas, todos – concedió • Vale = Enmendado: ahora = Vale =
José Antº Primo de Rivera
“Verba movent, exempla trahunt”
LAS PALABRAS MUEVEN, LOS EJEMPLOS ARRASTRAN.
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