EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

Las altas esferas nos miran con paternal complacencia. De lo que no son conscientes es de que nosotros, pequeños y escasos asteroides en plena explosión demográfica, cuando giramos a su alrededor, no lo hacemos dócilmente. Les escrutamos, les estudiamos. Una y otra vez. Aunque ya tengamos demasiado vistas sus superficies leprosas y salpicadas de chancros sifilíticos. Simplemente nos estamos reproduciendo, poco a poco. Estamos esperando el momento ideal, que acontecerá el día más pensado, cuando a la ocasión la pinten con rastas hasta la mismísima culera, para lanzarnos sobre sus sorprendidas caras. Algún día caeremos como hierros al rojo vivo sobre sus cordilleras podridas. No habrá coordinación, será una lluvia ácrata, un chubasco irregular y Aleatorio, sin una política definida. POR FIN.

Nuestros cerebros serán meteoritos de todos los colores. Eso es lo de menos. Caeremos a su derecha, a su izquierda, en sus bancos y en sus politburós. En sus templos, en sus logias, en sus sedes del partido, en sus Casas del Pueblo. Lapidaremos mentalmente sus Cuarteles Generales, sus centros de comunicaciones monodireccionales. Pianos de Jerry Lee Lewis sin teclas berreando silenciosamente "Great Balls of Fire". Eso seremos.

Pero mientras tanto, seguimos aumentando la familia. Se engrosa el cinturón. Es una batalla entre la mitosis asnal y la del pensamiento auténticamente libre.

Y se acabó el "si Dios quiere". Habremos de querer nosotros. Porque, llamadme loco, eso es lo que creo que Dios quiere: mujeres, hombres, personas actuando por sí mismos... con el pensamiento verdaderamente libre.

Firmado: una bomba nuclear tranquila.

miércoles, febrero 24, 2016

STASIS

Si no me incineran,
por favor,
que llenen mi ataúd con tu olor.

No sé cómo, no lo sé,
pero sabré disfrutarlo
tranquilamente.

Que la mejor anestesia
es la que te imbuye y cazo
cuando bajas la guardia
tan sólo por verme caer en combate
sin que me duela.
Nada más válido,
nada más valioso,
nada más valiente
que aspirar (a) tu esencia
para desahogarme
en medio de un día a día en ruinas.

Llega el aire
y no veis mi sonrisa
porque está cantando en mi garganta,
tan cruel como un niño
recordándome que aún lo es
y yo ya no.

Pero qué puede preocuparme:
empujas mi sangre iluminada
piel adentro,
y cada esquina de mis entrañas
mañana aún olerá a ti.

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