EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

Las altas esferas nos miran con paternal complacencia. De lo que no son conscientes es de que nosotros, pequeños y escasos asteroides en plena explosión demográfica, cuando giramos a su alrededor, no lo hacemos dócilmente. Les escrutamos, les estudiamos. Una y otra vez. Aunque ya tengamos demasiado vistas sus superficies leprosas y salpicadas de chancros sifilíticos. Simplemente nos estamos reproduciendo, poco a poco. Estamos esperando el momento ideal, que acontecerá el día más pensado, cuando a la ocasión la pinten con rastas hasta la mismísima culera, para lanzarnos sobre sus sorprendidas caras. Algún día caeremos como hierros al rojo vivo sobre sus cordilleras podridas. No habrá coordinación, será una lluvia ácrata, un chubasco irregular y Aleatorio, sin una política definida. POR FIN.

Nuestros cerebros serán meteoritos de todos los colores. Eso es lo de menos. Caeremos a su derecha, a su izquierda, en sus bancos y en sus politburós. En sus templos, en sus logias, en sus sedes del partido, en sus Casas del Pueblo. Lapidaremos mentalmente sus Cuarteles Generales, sus centros de comunicaciones monodireccionales. Pianos de Jerry Lee Lewis sin teclas berreando silenciosamente "Great Balls of Fire". Eso seremos.

Pero mientras tanto, seguimos aumentando la familia. Se engrosa el cinturón. Es una batalla entre la mitosis asnal y la del pensamiento auténticamente libre.

Y se acabó el "si Dios quiere". Habremos de querer nosotros. Porque, llamadme loco, eso es lo que creo que Dios quiere: mujeres, hombres, personas actuando por sí mismos... con el pensamiento verdaderamente libre.

Firmado: una bomba nuclear tranquila.

martes, octubre 25, 2016

REALISMO NADA LIMPIO II

Usted se confunde, hermano. Se confunde y es divertido. Divertido porque en este pedrusco indomable e infectado de parásitos lo que provoca en mi carácter un mínimo de perplejidad es el hecho de que humanos repugnantes como usted se equivoquen. No yerran quienes se levantan todas las santas mañanas y se abalanzan sobre una taza repleta de secreción de teta de vaca y granos molidos y tostados de un arbusto objetivamente tóxico para los de nuestra especie. Tampoco lo hacen aquellos que consideran haber plantado su bandera en la tierra de la felicidad cuando se libran de que un alud de vómito sepulte su campanilla y desborde sus dentaduras primermundistas. No. Yerran quienes en un momento dado se han detenido en mitad de la acera, en mitad de la noche porque han observado a servidor de ustedes sentado, abierto de piernas y mirando al suelo atiborrando sus pulmones con celulosa, alquitrán y decenas de compuestos mierdosos más. Efectivamente, ha metido usted la pata al pararse ante mí y preguntar si me encuentro bien o si necesito algo. Se ha confundido al mostrar ese infrecuente altruismo porque efectivamente, no me hallo bien y sí preciso de algún concreto favor.

Necesito un abrazo, eso lo primero. Espero que se ofrezca. Le juro que no pienso birlar su cartera si se presta a mi solicitud. En verdad, dinero es lo que menos falta me hace ahora. ¿Ve aquella luz encendida, en aquella ventana, en el piso de ahí enfrente? Es allá donde vivo de alquiler hace ahora siete años. Machacado por deudas y cobardía, derritiéndome y fundiéndome sobre mi cada vez más estrecha zona de confort. Cinco idiomas, dos carreras, demasiado apego a las sábanas por las mañanas. Un genio de la botella que aspiró el polvo de todas las alfombras que encontró. A ese agujero de ahí arriba lo llamo casa. ¿Escucha los gritos? ¿o diría que son gemidos? ¿tal vez risas? ¿es anarquía lo que hay en las cuerdas vocales de quien emite esos sonidos, esos ruidos?

He bajado a la calle porque ahí arriba he dejado medio muerta a una amante veinte años más joven que yo con la que convivo hace cuatro desde que la echaron del domicilio familiar, siendo entonces aún menor. No. No crea que la he agredido ni mucho menos, jamás le pondría la mano encima. Simplemente no sé a quién llamar. No sabes realmente a quién llamar cuando entras al asqueroso baño de tu asquerosa choza y te encuentras una escena infinitamente asquerosa. Figúrese, ¿qué haría usted? En medio de un cóctel de síndrome de abstinencia, esquizofrenia nunca diagnosticada, diarrea y melancolía, tu pareja estable, que de estable tiene poco, decide parir un hijo en la taza del puto wáter. El niño, porque creo que es niño, viene de cabeza y cae con tal violencia contra el fondo que queda con su cabecita atascada en un hueco con un agua repleta de mierda descompuesta, orina, sangre, restos de placenta y todo un catálogo de infecciones por falta de la más elemental higiene. Al llegar a casa encuentro un cuerpecito inerte, doblado, arrugado y entre amoratado y rojizo en el fondo de mi cagadero. A su madre, tratando de extraerlo y logrando sólo apartarlo para encontrar un resquicio donde vomitar lo que parecen pastillas mezcladas con algo de cerveza barata de marca blanca. Menuda puta mezcla, sólo me faltó cascármela en semejante olla de humanidad.

Oh, venga, si soy prácticamente un héroe. He logrado permanecer allí, íntegro y de una pieza, hasta hace unos diez minutos. Y mire, usted se ha dejado caer por aquí. Así al menos me creerán.

Efectivamente, buen samaritano. Usted se confunde al ser tan amable conmigo, porque jamás podrá olvidar esta historia. Y es divertido, créame, lo es, porque después de haber vivido lo que he tenido que vivir, todo lo que venga más tarde, todo lo que suceda después, todo lo que el género humano vaya a sufrir en el futuro, me parece de lo más jodidamente divertido. Por favor, llame a una ambulancia. 

Pero antes, ¿me podría dar otro abrazo?

1 comentario:

Bautista Lope dijo...

a brazo
partido
fraterno