Se convirtió en Director de Prisiones de la II República y con su “dignísimo” comportamiento evitó el linchamiento de los reclusos de derechas, eliminando incluso las sacas indiscriminadas de presos que debían ser asesinados en Paracuellos del Jarama. De ahí que los nacionales le llamaran el ángel rojo. Una de las actuaciones más destacadas de Melchor Rodríguez tuvo lugar durante unos disturbios, después de que el Ejército nacional bombardease el campo de aviación de Alcalá de Henares. Una concentración de protesta, en la que participaban milicianos armados, llegó a la prisión de Alcalá de Henares donde exigieron la apertura de celdas para linchar a varios presos. Rodríguez acudió a la prisión y enfrentándose al grupo salvó del linchamiento a numerosos presos.
Quince años más joven que Buenaventura, Marciano Pedro, ingresó en la Falange a comienzos de 1936 despuès de pasar por el Ateneo Libertario. Trató de mediar entre José Antonio Primo de Rivera y el propio Buenaventura y acabó fusilado en 1937. El poeta Victoriano Crémer dedica un cálido espacio a Marciano Pedro Durruti -él lo define como «anarco-falangista»- en su memorial El libro de San Marcos.





